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Educación inclusiva: lo que todos debemos aprender.

Hace algunas semanas estoy inmerso en la tarea de diseñar una guía para diseñar clases inclusivas. Desde el comienzo sabía que sería un reto grande, y como tal, lo asumí con entusiasmo, consiente de lo que sabía y lo que necesitaría aprender. Como toda experiencia, es mucho más lo que me aporta, de lo que yo puedo ofrecer. Para compensar ello, hoy quiero compartir algunos insights y aprendizajes que voy recogiendo.

Lo primero fue entender la amplitud de la inclusión. Estamos -mal- acostumbrados a relacionar inclusión con discapacidad. Si bien los casos de personas con discapacidad son los que más esfuerzo requieren para lograr la merecida inclusión, son muchos los casos "escondidos" que experimentan una situación discapacitante. Graficaré la idea con un ejemplo: un estudiante está a punto de levantar la mano para hacer una pregunta, cuando recuerda que hace una semana fue ridiculizado por no saber algo supuestamente obvio. Una escena bastante común, ¿no creen? ¿A caso ese estudiante, no está en cierta medida incapacitado de preguntar, por el miedo a revivir la vergüenza?

Un segundo aprendizaje, quizás más importante aún, lo obtuve mientras entrevistaba a una profesora, buscando obtener algún insight (obtuve muchos) que me inspire para construir la mencionada guía. Mientras conversábamos sobre la libre expresión y su importancia para la inclusión en las clases, surge la idea que formar a los estudiantes a pensar críticamente es peligroso. Esta idea me detuvo un instante. Por un lado, porque la creo, no necesité profundizar en ella para entenderla y estar de acuerdo. Luego, porque no podía pensar en un escenario educativo que no busque formar este tipo de pensamiento. Es decir, ¿qué es educar si no enseñar a cuestionar, a evaluar, a decidir? Y entendí que uno de los desafíos de ser inclusivos radica en formar personas también inclusivas.

Una clase inclusiva no es solo aquella que elimina las barreras físicas o cognitivas entre los objetivos de aprendizaje y el estudiante, sino la que enseña a incluir. Resaltando el valor de la diversidad, respetando las ideas (sobre todo cuando estas son contrarias), abriendo la posibilidad a cada estudiante para desarrollarse, para lograr sus objetivos, satisfacer su necesidad de aprendizaje y creando una comunidad de aprendizaje.

Voy a mitad de camino para terminar el encargo y una idea final que quiero compartir hoy es que siempre, al diseñar una clase, debes recordar que el objetivo principal no es que tu enseñes, sino que todos aprendan.

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